lunes, 5 de octubre de 2015

Dualidad

Mayra era de todas mis amigas la que más se parecía a mí, y la más distinta a la vez. La conocí en el jardín de infantes, me cambiaron de jardín, empecé primaria y cuando mi mamá me paso a la mañana en sexto -cosa que odie por tener que levantarme temprano todo lo que quedo de escuela- estaba ahí ella. Un día en el recreo apareció con la foto escolar de sala de 4.
-Esa no soy yo. Le dije, pero insistió y terminamos siendo amigas.

Esta contradicción entre lo tan parecido y lo tan distinto. No lo note  hasta que un día hace muy poco mientras estaba en la oficina, esa primera oración de este texto apareció en mi cabeza de manera espontanea y dejándome totalmente pensativa.

¿Cómo no me había dado cuenta antes?

Durante la escuela nos peleamos miles de veces. Mil veces nos volvimos a ser amigas. En el ir y venir de nuestras vidas adolescentes nos escribimos miles de cartas.
Mientras que yo siempre estuve poco interesada en hacer las cosas como hacían todos, ella parecía seguir una linea. Entonces siempre quedaba como la rara, y ella la querían todos y todos parecían ser amigos de ella.

Nuestros padres se separaron casi al mismo tiempo, las dos eramos la hermana mayor entre nuestros hermanos.

Entre que terminamos la escuela y los primeros veinti, nuestra amistad tuvo una pausa silenciosa, y extraña. Extraña porque eran los primeros tiempos viviendo ese futuro impreciso y eterno que parece estar por delante cuando se termina el secundario. Otra vez volvimos a ser amigas como si nada, con nuestras idas y venidas, con todas nuestras cosas iguales y todas las distintas.

A los 24 nos peleamos muy fuerte y por tres años no nos volvimos a hablar. Hasta hace poco que me mando un mail. Algo parecía faltar le. Los dados o.y ahora, sus muchos amigos ya no estaban y la que tenía la suerte de tener unos cuantos muy buenos era yo.

Me mostré muy auto controlada. Un  buen día me di cuenta que tanto tole tole emocional que estaba pasando la necesitaba. Necesitaba contarle a alguien que me conociera así mucho, de hace tanto... Cuando me preguntó vos, estás bien. Le respondí con un, ahora si. Y sonreí. No pude decirle nada más. Había algo que ya no estaba más. Pero de todas maneras era la más parecida a mí y la más distinta a la vez.